Con «El beso», creado entre 1908 y 1909, Gustav Klimt dio vida a la obra más célebre del modernismo vienés. La pareja de amantes, arrodillada sobre un prado en flor, parece flotar ante un fondo dorado y casi intemporal. Klimt combinó de forma única la pintura con pan de oro y formas ornamentales inspiradas en los mosaicos bizantinos. Mientras los patrones angulares del manto caracterizan al hombre, los motivos redondos y florales de la mujer simbolizan armonía y delicadeza.
El cuadro fue realizado durante la llamada «época dorada» de Klimt y, incluso antes de su finalización, fue adquirido para la actual Galería Belvedere de Viena. Hasta hoy, «El beso» se considera un emblema del amor, la unión y la belleza. Como reproducción artística de alta calidad, este icono del Jugendstil despliega sus colores luminosos, el resplandor dorado y su extraordinaria fuerza expresiva de manera impresionante sobre lienzo, póster o enmarcado, convirtiéndose en un verdadero punto de atracción en cualquier espacio vital.