«Mujer sentada con la rodilla levantada», realizada en 1917, se cuenta entre los retratos femeninos más impresionantes de la última etapa creativa de Egon Schiele. Como modelo posó probablemente Adele Herms, la cuñada del artista. Con carbón, acuarela y gouache, Schiele elaboró una composición de gran intensidad psicológica. La figura ocupa casi por completo la superficie del papel; su postura inusual, los contornos angulosos y la mirada directa confieren a la obra una tensión extraordinaria. Son característicos del estilo de Schiele los fondos deliberadamente reducidos, que dirigen la atención por completo hacia la postura corporal, el gesto y la expresión. A diferencia de los retratos femeninos idealizados de su época, Schiele muestra al ser humano con toda su vulnerabilidad e inquietud interior. Hoy, esta obra se considera uno de los ejemplos más significativos del expresionismo austríaco y se conserva en la Galería Nacional de Praga.